domingo, 21 de septiembre de 2014

Inevitable

El líquido trazaba su paso, asomándose curioso por cada camino para luego conquistarlo y cubrirlo con su esencia. Tras de sí dejaba un camino viscoso, podía ser sucio, podía ser hermoso, podía ser inevitable. Señalaba con brillo cada centímetro tomado. Una vez pasado por allí era innegable su presencia. Su silencioso camino no advertía que al final daría paso a un necesario despertar. No sentía, no juzgaba, no decía. No hacía sentir, no podía ser juzgado, no escuchaba. No tenía propósito, era el propósito.
Alguna que otra luz se arrojaba sobre el, destellaba por un instante llamando la atención de quien no observaba. Por espacios subía, por tiempos bajaba y por siempre se acercaba al origen de todo. Dejando orden.
El orden de las cosas que son como son. Y todo pensamiento es cubierto por el líquidoque sólo sigue las leyes de la realidad.
Así existía.

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En el fondo sabias que estaba allí. Y por .momentos del ahora lo lograste percibir. Pero serbias al tirano mental de los vuelos que cubrían todos los cristales, que no dependen de nada si no de la luz que los toque. Y en esa ceguera mediana anduviste por lo que pensaste era real. Y siempre en medio del silencio estaba presente la verdad.
Y un alabado día ya las cosas no eran igual. Despertaste viendo luces sin colores. Entendiendo todo sin explicación. Despertaste al entendimiento que era uno y todo. Que yo era lo mismo que tu.
Entraste a la danza , a la sincronización entera. Sentiste la vibración que conforma el orden. Te olvidaste del futuro y el tiempo se volvió ahora.
Tu cuerpo estaba hecho de amor. Lo supiste siempre y razgaste tus vestidos en una explosión de luz.

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El líquido llegó a su destino.

11 algo 2014

Yecy Delgado

domingo, 10 de agosto de 2014

Nada

No es posible abrir una puerta sin antes tomar la decisión consciente de tocarla primeramente. Y una vez la tomamos, sin importar si aceptamos o rechazamos igual nos azota una ola de energía con una fuerza tan brutal que casi nunca la percibimos. Es esta misma fuerza la que azotaba a Tomás sin que estuviera consciente de el cómo había llegado a esa puerta en particular, aún cuando cada uno de sus pasos dados en el transcurso de su vida había sido cuidadosamente planificado.
Planificado incluso su nacimiento, también sus estudios, su religión. Acarreaba juicios, cálculos, medidas y tiempos. Aceptó estos planes, le parecieron bien, entró en acuerdos y los adoptó. Ausente de la maravillosa sensación de darse cuenta de ello, los planes penetraron su piel, mezclándose en su sangre y pasando a la próxima generación. La Tierra le había dado la espalda y luego la cara al Sol miles de veces y ninguna de estas ocasiones Tomás enfrentó la duda. Jamás se percató de que podía ser de mil otras formas.
Bendita inconsciencia que nos carga en sus brazos haciéndonos flotar mientras se acaba la vida. No saber que existe la muerte es también no saber que existe la vida. Y en cada meta que alcanzaba Tomás, retumbaba la ausencia de sus pies descalzos sobre la Madre Tierra y sus manos alzadas al Dios de los Cielos.
Abrió la puerta y con pasos firmes, ligeros, mecánicos llegó al elevador. No caviló en nada mientras la puerta se convertía en telón como para salir de la obra por un rato. Y así mismo llegaba al piso planificado sin cavilaciones. La música celestial, su único acompañante en aquel cubículo resplandeciente, no logró despertar sus oídos y brindarles el regalo del disfrute. Allí se mantenía en pie, en el mismo centro como dicta la higiene, tranquilo y callado como dicta la cordura, vestido como dicta la moda, erguido como dicta la sociedad.
Aunque leve el sonido de la campana resulta lo suficiente como para que el condicionamiento lo reconozca y lo despierte de su letargo con el propósito de anunciar la llegada al destino en cuestión. Una vez más se descubre el telón brindando en infinita misericordia la oportunidad de un segundo acto. Una quincena de actores entran como en procesión. Unos hablando, otros en silencio y un par dejándose acariciar por la musica celestial.
A Dios gracias por las pequeñas bendiciones que nos regala a instantes. Todo iban al primer piso, por lo que no hubo paradas en el camino...

Y. Delgado

jueves, 9 de enero de 2014

Ubuntu Artesanos (as) blog / revista: MARROQUINERO AUTENTICO

Ubuntu Artesanos (as) blog / revista: MARROQUINERO AUTENTICO: Ubuntu Artesanos  conversa con e l artesano Héctor Rivera  acerca de su oficio artesanal en el renglón de trabajos en cuero. Héctor...

miércoles, 8 de enero de 2014

El pueblo mudo

No se sabe cuàndo se callaron las sirenas, en realidad no se sabìa si se habìan callado. Quizàs se habìan ido a otra parte a cantar para quien quisiera escucharlas. Pero en el pueblo reinaba el silencio, paseando por entre las casas contagiando los rincones. Al poco tiempo ya no eran sòlo las sirenas las que callaban, tambièn las aves, los perros, las mujeres, los hombres, los niños. En un pueblo tan pequeño, se pensarìa que simplemente no quedaba màs que decir. Y asì poco a poco, el silencio vivìa casi hasta el punto de poderse sentir.
Los hombres se miraban, ya no eran necesarias las palabras. Las parejas hacìan el amor sin susurros en los oìdos, estando los gemidos demàs. Las ocurrencias se acabaron poco  a poco y las ideas parecìan ser un estorbo. Resultando de esto la muerte del arte, la mùsica y la risa... no se morìan en sì, si no que no se expresaban. Y la no expresiòn equipara a la muerte.
Los celulares se contestaban sin que se escuchase su cantar, cargando sólo mensajes escritos. Los autos rumìan y joseaban y desapercibidos pasaban. Porque sonidos, sì habìan, pero en este pueblo el silencio reinaba. Al grado que los nombres perdieron importancia y sucumbieron ante la identificaciòn plàstica.
En medio del mudo pueblo, existìa una fuente a quien por las modernas instalaciones ya nadie visitaba. La caìda suave del agua, era audible pero se perdìa bajo el pesado silencio, o acaso a nadie le interesaba . Y asì con todas las cosas. El sonido dejò de ser fundamental .
Todas las mañanas despertaba el pueblo, sòlo para existir en un estado sonàmbulo y  mecanizado. No se percataba nadie de que el silencio era inexistente, sòlo producto del miedp, de la histeria. La silenciosa plaga hallaba sus orìgenes en las comparaciones, en el què diràn. En el profundo y aterrador conocimientode que còmo midas seràs medido. Se aplicaron placebos. Miles y miles de escritos aparecieron. Ayùdese en esto, ayùdese en lo otro. Todo era ayùdese  y muy poco coopere y poquìsimo de ayude a los demàs.y todos en el pueblo parecìan muy dispuestos a automedicarse y a autolavarse el cerebro. Pero nadie parecìa dispuesto a dejar de medir. El enemigo mayor de un pueblo es la prosperidad, porque està hondo en nuestra naturaleza la insatisfacciòn, sobre todo cuando se alkica el remedio equivocado. Pero esta teorìa de la insatisfacciòn parece arrodillarse ante la prueba de los que reparten son los que inventan el deseo y mientras màs deseo, màs mediciòn y mientras màs mediciòn, màs evaluaciòn...
En este pueblo se evaluaban los adornos, sin importan què adornaban, se valoraban las posiciones sinimportr quiènes las ocupaban. Y por esto quizàs, si alguien se atreviese a juzgar, no merecìa el sonido. La idiotez llegaba a tal grado que no se extrañaba al sonido.
Pasaron lo dìas y del silencio se pasò al alboroto. Y del alboroto se llegaba a la locura. La locura de tener, poseer y la esquizofrenia de mostrar. Y como pavos reales se paseaban las gentes, asustados mostrando sus plumas enmedalladas . Medallas que nada valìan por su poco merecimiento, y este secreto carcomìa las mentes, hundièndolos en el terror, llevandolos nuevamente al silencio.
Peto sucediò un dìa, que sin encontrarse nadie de sobreaviso un àngel callò del cielo. Hasta hoy y por siempre se preguntaràn còmo. Pero la impirtancia radica en que callò justamente en el centro de este pueblo. Envuelto en llamas callò el àngel,  destruyendo todo lo que a su alrrededor se encontraba..
Y asi repentinamente se se quemaron autos,  tiendas, casas y muchas , màs ostentaciones. Todos corrìan a salvar lo suyo, nadie corriò a salvar a los suyos. A manera de justicia, si se posee el don de la fe, todos llegaron tarde y nada pudieron salvar.
La desnudez no era una condiciòn nueva o desconocida para ningùn residente, era el no poder ocultarla, lo que nunca habìan vivido. Ahora sus almas se veìan desposeìdas de las herramientaa sociales que mantenìan  el òrden y disctaban las sentencias.
¿ Què hace un actor cuando se derriten sus màscaras? Al quedar sin màscaras, ¿ Quedaba anulada la compañìa?. Ahora se veìan tal y como eran y todos resultaron ser iguales. Todos temían, todos corrían, todos desconocían. Ante la ausencia de dioses todos creían. Pero las necesidades físicas, básicas y naturales, se imponen siempre sobre cualquier catatonia que pudiese lograr un suceso por grande que sea. Y fue así como paulatina e incocientemente se acercaban todos, por necesidad natural, a la fuente. La fuente cuya caída era suave. Entonces la fuente dejó de ser un cuadro admirado, pero abandonado y comenzó a ser un objeto real y necesitado.
El angel, inconciente de las repercusiones que su aparición causaba, solo se limitaba a observar. Se fijaba curiosamente en las caras de desasosiego y desubicación de los residentes del pueblo. Para él, el acto de acudir a la fuente era uno tan natural, tan lógico que no lograba asir la estupefacción de estos hombres y mujeres. Caminaban aturdidos y temerosos, acompañados de un cubo o cualquier recipiente que tuvieran a la mano. Poco a poco se acercaban todos, procurando no fijarse en quién tenían a su lado.
Se fijó el ángel, que en sus corazones reinaba el temor, el horror de ser visto tal como eran. Pero también notaba el ágel que existía un alto grado de sorpresa. A todos les parecía increíble lo que encontraban en los demás, y bajaban la vista ante el temor de que alguien se diera cuenta de que en su interior existía si acaso lo mismo. Porque el medir puede pasar, pero el temor a ser medido queda profundamente arraigado en nuestro interior.
Poco se imaginaba cada ser, que causaba exactamente la misma reacción en sus compañeros del silencio. Pero del silencio seguían todos presos, jamás se imaginaba alguno, verbalizar sus pensamientos. El potencial mental, el potencial espiritual era algo enteramente nuevo para ellos, aunque seguros estaban que ante la pérdida de los valores materiales, por fuerza, ningún valor debían tener.
En un momento dado, se acercó a la fuente un pequeño niño, cuyos ojos parecían ser muy grandes para su tierno rostro. Se acercaba temeroso, pero su temor era dirigido a los adultos, no a ser leído en su interior. Justo cuando levantaba su cubeta repleta de agua, ésta se le escurrió de entre los dedos y fue a parar al suelo derramando su contenido.
Al caer, la cubeta sonó al principio duro, y luego, al derramarse le agua, secamente. Mientras que el agua se escuchaba huir en carrera insegura entre los adoquines.
Todos miraron como despertados de un largo sueño. Perplejos seguían el camino que surcaba el agua.
En ángel, cuya naturaleza era la misma del niño, no pudo resistir el deseo de burlarse de la torpeza de su compañero espiritual. Y así inconcientemente, comenzó a reir. El niño pareció sonrojarse, pero al mirar la cara de luz de aquel ángel, no pudo más que unirse a aquel cantar seductor y placentero.
La risa se dejó cargar por el viento, sin importar en dónde iría a parar. Juguetonamente, decidieron en complicidad la risa y el viento, tocar cada uno de los oidos de los espectadores. Asombrados todos, sentían sus músculos faciales contornarse y mostrar desprovistos de miedo sus blancos dientes.
Yecy Delgado
3 mayo 2010