jueves, 9 de enero de 2014

Ubuntu Artesanos (as) blog / revista: MARROQUINERO AUTENTICO

Ubuntu Artesanos (as) blog / revista: MARROQUINERO AUTENTICO: Ubuntu Artesanos  conversa con e l artesano Héctor Rivera  acerca de su oficio artesanal en el renglón de trabajos en cuero. Héctor...

miércoles, 8 de enero de 2014

El pueblo mudo

No se sabe cuàndo se callaron las sirenas, en realidad no se sabìa si se habìan callado. Quizàs se habìan ido a otra parte a cantar para quien quisiera escucharlas. Pero en el pueblo reinaba el silencio, paseando por entre las casas contagiando los rincones. Al poco tiempo ya no eran sòlo las sirenas las que callaban, tambièn las aves, los perros, las mujeres, los hombres, los niños. En un pueblo tan pequeño, se pensarìa que simplemente no quedaba màs que decir. Y asì poco a poco, el silencio vivìa casi hasta el punto de poderse sentir.
Los hombres se miraban, ya no eran necesarias las palabras. Las parejas hacìan el amor sin susurros en los oìdos, estando los gemidos demàs. Las ocurrencias se acabaron poco  a poco y las ideas parecìan ser un estorbo. Resultando de esto la muerte del arte, la mùsica y la risa... no se morìan en sì, si no que no se expresaban. Y la no expresiòn equipara a la muerte.
Los celulares se contestaban sin que se escuchase su cantar, cargando sólo mensajes escritos. Los autos rumìan y joseaban y desapercibidos pasaban. Porque sonidos, sì habìan, pero en este pueblo el silencio reinaba. Al grado que los nombres perdieron importancia y sucumbieron ante la identificaciòn plàstica.
En medio del mudo pueblo, existìa una fuente a quien por las modernas instalaciones ya nadie visitaba. La caìda suave del agua, era audible pero se perdìa bajo el pesado silencio, o acaso a nadie le interesaba . Y asì con todas las cosas. El sonido dejò de ser fundamental .
Todas las mañanas despertaba el pueblo, sòlo para existir en un estado sonàmbulo y  mecanizado. No se percataba nadie de que el silencio era inexistente, sòlo producto del miedp, de la histeria. La silenciosa plaga hallaba sus orìgenes en las comparaciones, en el què diràn. En el profundo y aterrador conocimientode que còmo midas seràs medido. Se aplicaron placebos. Miles y miles de escritos aparecieron. Ayùdese en esto, ayùdese en lo otro. Todo era ayùdese  y muy poco coopere y poquìsimo de ayude a los demàs.y todos en el pueblo parecìan muy dispuestos a automedicarse y a autolavarse el cerebro. Pero nadie parecìa dispuesto a dejar de medir. El enemigo mayor de un pueblo es la prosperidad, porque està hondo en nuestra naturaleza la insatisfacciòn, sobre todo cuando se alkica el remedio equivocado. Pero esta teorìa de la insatisfacciòn parece arrodillarse ante la prueba de los que reparten son los que inventan el deseo y mientras màs deseo, màs mediciòn y mientras màs mediciòn, màs evaluaciòn...
En este pueblo se evaluaban los adornos, sin importan què adornaban, se valoraban las posiciones sinimportr quiènes las ocupaban. Y por esto quizàs, si alguien se atreviese a juzgar, no merecìa el sonido. La idiotez llegaba a tal grado que no se extrañaba al sonido.
Pasaron lo dìas y del silencio se pasò al alboroto. Y del alboroto se llegaba a la locura. La locura de tener, poseer y la esquizofrenia de mostrar. Y como pavos reales se paseaban las gentes, asustados mostrando sus plumas enmedalladas . Medallas que nada valìan por su poco merecimiento, y este secreto carcomìa las mentes, hundièndolos en el terror, llevandolos nuevamente al silencio.
Peto sucediò un dìa, que sin encontrarse nadie de sobreaviso un àngel callò del cielo. Hasta hoy y por siempre se preguntaràn còmo. Pero la impirtancia radica en que callò justamente en el centro de este pueblo. Envuelto en llamas callò el àngel,  destruyendo todo lo que a su alrrededor se encontraba..
Y asi repentinamente se se quemaron autos,  tiendas, casas y muchas , màs ostentaciones. Todos corrìan a salvar lo suyo, nadie corriò a salvar a los suyos. A manera de justicia, si se posee el don de la fe, todos llegaron tarde y nada pudieron salvar.
La desnudez no era una condiciòn nueva o desconocida para ningùn residente, era el no poder ocultarla, lo que nunca habìan vivido. Ahora sus almas se veìan desposeìdas de las herramientaa sociales que mantenìan  el òrden y disctaban las sentencias.
¿ Què hace un actor cuando se derriten sus màscaras? Al quedar sin màscaras, ¿ Quedaba anulada la compañìa?. Ahora se veìan tal y como eran y todos resultaron ser iguales. Todos temían, todos corrían, todos desconocían. Ante la ausencia de dioses todos creían. Pero las necesidades físicas, básicas y naturales, se imponen siempre sobre cualquier catatonia que pudiese lograr un suceso por grande que sea. Y fue así como paulatina e incocientemente se acercaban todos, por necesidad natural, a la fuente. La fuente cuya caída era suave. Entonces la fuente dejó de ser un cuadro admirado, pero abandonado y comenzó a ser un objeto real y necesitado.
El angel, inconciente de las repercusiones que su aparición causaba, solo se limitaba a observar. Se fijaba curiosamente en las caras de desasosiego y desubicación de los residentes del pueblo. Para él, el acto de acudir a la fuente era uno tan natural, tan lógico que no lograba asir la estupefacción de estos hombres y mujeres. Caminaban aturdidos y temerosos, acompañados de un cubo o cualquier recipiente que tuvieran a la mano. Poco a poco se acercaban todos, procurando no fijarse en quién tenían a su lado.
Se fijó el ángel, que en sus corazones reinaba el temor, el horror de ser visto tal como eran. Pero también notaba el ágel que existía un alto grado de sorpresa. A todos les parecía increíble lo que encontraban en los demás, y bajaban la vista ante el temor de que alguien se diera cuenta de que en su interior existía si acaso lo mismo. Porque el medir puede pasar, pero el temor a ser medido queda profundamente arraigado en nuestro interior.
Poco se imaginaba cada ser, que causaba exactamente la misma reacción en sus compañeros del silencio. Pero del silencio seguían todos presos, jamás se imaginaba alguno, verbalizar sus pensamientos. El potencial mental, el potencial espiritual era algo enteramente nuevo para ellos, aunque seguros estaban que ante la pérdida de los valores materiales, por fuerza, ningún valor debían tener.
En un momento dado, se acercó a la fuente un pequeño niño, cuyos ojos parecían ser muy grandes para su tierno rostro. Se acercaba temeroso, pero su temor era dirigido a los adultos, no a ser leído en su interior. Justo cuando levantaba su cubeta repleta de agua, ésta se le escurrió de entre los dedos y fue a parar al suelo derramando su contenido.
Al caer, la cubeta sonó al principio duro, y luego, al derramarse le agua, secamente. Mientras que el agua se escuchaba huir en carrera insegura entre los adoquines.
Todos miraron como despertados de un largo sueño. Perplejos seguían el camino que surcaba el agua.
En ángel, cuya naturaleza era la misma del niño, no pudo resistir el deseo de burlarse de la torpeza de su compañero espiritual. Y así inconcientemente, comenzó a reir. El niño pareció sonrojarse, pero al mirar la cara de luz de aquel ángel, no pudo más que unirse a aquel cantar seductor y placentero.
La risa se dejó cargar por el viento, sin importar en dónde iría a parar. Juguetonamente, decidieron en complicidad la risa y el viento, tocar cada uno de los oidos de los espectadores. Asombrados todos, sentían sus músculos faciales contornarse y mostrar desprovistos de miedo sus blancos dientes.
Yecy Delgado
3 mayo 2010