domingo, 7 de junio de 2015

El lago

Increíblemente resultaba más hermoso contemplar el cielo sobre la superficie del lago. La escencia de un Universo entero capturado en un cristal reluciente. sus orillas ensombrecidas con árboles gigantescos que cargaban en su ramas los cantos de las aves. La nitidez de una imagen que ningún poeta extasiado podía recoger en palabras. Todo parecía encerrado en una gota pristina acariciada solo por el viento. Más de un par de ojos se llenaron de lágrimas cuando los corazones no pudieron más que humillarse ante la majestuosidad frente a si. Otras muchas mentes quedaron invadidas por el silencio como un pesado velo que caía sin aviso. Incluso hubo ocasiones en que una muestra de sonrisa se asomaba al rostro como señal de paz, si acaso entendimiento. El mundo entero contenía el aliento ante su presencia. Más sin embargo, el lago sólo reflejaba. Sólo presenciaba la grandeza del cielo sin sentir jamás el calor del amarillo Sol, ni el rozar de las alas de un pájaro. No podria elegir si sería azul , si si arroparía con nubes o si bautizaría la Tierra con su llanto. Jamás el lago sentiría lo que nace en el interior del cielo, lo que había derás. Y cada ave que volaba, cada nube que transitaba calaba un doloroso vacío que confirmaba su realidad inexistente. Y como complices de su desgracia todos se acercaban para en su pantalla presenciar la explosión de creatividad que sucedía sobre sus cabezas. Uno a uno desfilaban cual ganado a ser marcado por un experiencia ajena. Incocientes de la libertad de voltearse en el momento elegido y fundir su mano con la caricia ruda de la corteza de un árbol. Absortos en la imagen, enajenados de la vida, prisioneros voluntarios que derraman lágrimas y regalan sonrisas mientras acercan a sus seres queridos. Que se atan a una imágen sin olor, sin calor, sin sonido. Allí colaboran con la creación de otro retrato innolvidable que sumarán a la intermiable lista de aquellas cosas que no se atrevieron a senttir. El lago contemplaba con cierto desdén aquellos rostros patéticamente contentos, sus aguas lo inundaban con amargura al no poder adentrarse en el bosque reflejado en sus orillas y detenerse bajo un árbol que parecía nunca terminar. Cuánto rogaba al cielo por un trueno que despertara a esas inútiles almas que agradecían un simple retrato. Más de una vez deseó ebullir y escupirle en sus maquillajes, lavarles las lagañas de los ojos, humillarles el orgullo como castigo o como liberación, por haber tenido la desfachatez de consentir ser cargados hasta allí. Por que a pesar de las vueltas que dio el camino, eligieron ignorar todos los avisos y creyeron así sin ninguna resposabilidad formar parte de la gran producción divina. Por que negaron su naturaleza y se obligaron a creer que ser testigo bastaba para sustituir la experiencia.

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